Okupas y precaristas.
El problema de la vivienda.
Casas vacíasLa ocupación tiene como telón de fondo el cruce entre dos tipos de problemas: de un lado, la imposibilidad para muchas personas de acceder a una vivienda, pese a tratarse de una necesidad básica y un derecho fundamental; pero, sobre todo, la existencia de miles de viviendas vacías, muchas de ellas en un lamentable estado de abandono por parte de sus propietarios (generalmente grandes tenedores y entidades bancarias), que persisten irresponsablemente en tenerlas desocupadas aún a sabiendas de que eso sólo contribuye a su rápido deterioro.

Y es que las viviendas se construyen para ser utilizadas, para que en ellas viva la gente; y precisamente la ocupación persigue  que no haya ni una sola vivienda vacía mientras al mismo tiempo tanta gente necesita techo.

La crisis ha creado un nuevo problema, el hecho que las familias no puedan acceder a alquilar viviendas, por sus precios prohibitivos y por no existir ningún tipo de normativa que regule el mercado del alquiler. Por otra parte el estado y las administraciones públicas, incumplen a diario su deber de garantizar el derecho fundamental de los ciudadanos a tener un techo en el que cobijarse las familias.

La desregulación del suelo, la actitud de los bancos para prestar dinero a troche y moche, el crack bancario/ financiero que se produjo a continuación, la ayuda multimillonaria a los bancos, el acuerdo PP y PSOE en pleno mes de agosto para modificar la constitución, la reforma laboral, el desempleo, el empleo precario, los desahucios por impago de hipotecas y de alquileres, los pisos vacíos de los grandes tenedores, y la necesidad de la gente por tener un techo bajo en el que cobijarse, nos ha dejado un escenario patético, el de las ocupaciones por causa de extrema necesidad.

La situación se hace insostenible para determinadas personas. En definitiva es la dramática realidad de no disponer de ingresos para hacer frente al pago de la hipoteca y, actualmente, al pago del alquiler, y en consecuencia no poder hacer frente a los gastos inherentes a la formalización del contrato de alquiler, (fianza, etc.). Tampoco para pagar el consumo de los suministros básicos, como son la luz, el gas y el agua.

Esta situación extrema conduce inevitablemente (y así seria para cualquiera que se encontrara en idéntica situación) a la usurpación de una vivienda, desafiando a la jurisdicción penal y a la jurisdicción civil.

El disfrute ilegal de pisos ha abierto una nueva batalla jurídica; otra consecuencia de esta crisis, que es la auténtica dueña de la situación. A diferencia del fenómeno de los okupas (actitud política/ideológica, como medio para reivindicar el derecho a la vivienda), los usuarios en precario (o la cesión de uso de vivienda en precario), no persiguen reivindicación política ni social de ninguna clase, ni siquiera para reivindicar un derecho legítimo; simplemente necesitan donde cobijarse esta noche y las siguientes, ellos y sus familias. Como haríamos todos; incluidos los que dictan las leyes que penalizan la ocupación, en todas sus formas.

Sin embargo, parece que estemos abocados a aplicar idéntico remedio a situaciones radicalmente diferentes y ello, es una respuesta tan ineficaz como injusta.

Casas sin gente y gente sin casa