IgualdadLa lucha continuará cada día. Tenemos que ser capaces de dejar atrás la desigualdad entre mujeres y hombres. Con este artículo queremos dar lugar a la reflexión cerrando una semana de conmemoración.

Principios de marzo. En todos los medios de comunicación se oye hablar de mujeres. Hablan mujeres, hablan hombres, profesionales de diversos ámbitos. Se comentan todas las carencias que tienen las mujeres en conciliación laboral, en oportunidades para conseguir puestos de poder, en corresponsabilidad. Cada medio se esfuerza en hacer formatos innovadores para al final seguir diciendo lo de siempre. El contenido, el fondo de la cuestión es muy similar, a pesar de avanzar y conseguir pequeñas metas, todavía nos queda mucho camino por recorrer para lograr una igualdad efectiva.

De toda la información recibida en estos días hay un par de planteamientos que no terminamos  de compartir. Os invitamos a hacer una reflexión sobre ciertos temas y a debatir sobre ellos.

Antes de empezar es necesario aclarar que el principio de igualdad se entiende como igualdad de oportunidades.  Para que todas las personas, en este caso hombres y mujeres, tengan igualdad de oportunidades es necesario establecer normas diferentes para cada colectivo.

El primer aspecto a comentar es todo lo relacionado con la “libre elección” de la mujer respecto a la maternidad y su carrera laboral. Una mujer exponía en un programa de televisión que se sentía cuestionada porque decidió renunciar voluntariamente a la maternidad y vida familiar para poder realizar su carrera profesional.

En el momento que la frase se formula con el verbo “renunciar” ya no es una decisión libre y voluntaria. En este ejemplo tan habitual, se está expresando que se puede elegir entre dos opciones y en el momento que se escoge una, implica rechazar la otra.

Se puede hacer exactamente el mismo análisis en el caso contrario, una mujer decide abandonar su vida laborar para dedicarse al cuidado de sus hijos… ¿es libre esta decisión?

Cualquier persona puede decidir libremente lo que quiere hacer con su vida, pero esa decisión no debería implicar tener que renunciar a cualquier otro aspecto importante relacionado con su presente y su futuro. La cuestión es, ¿si hubiera podido desarrollar las dos facetas plenamente (laboral y familiar) hubiera renunciado igualmente a alguna de las dos?

Otro de los temas es una crítica muy sutil y se refiere a una forma de crianza que se está extendiendo entre las mamás actualmente. Es la llamada “crianza natural” o “de apego”, donde se practican costumbres como la lactancia prolongada, es decir, hasta la edad que el niño la solicite (habitualmente entre los dos y cuatro años, algunos más), colecho, en el que el niño duerme con la madre o con los padres hasta que prefiera dormir sólo por propia iniciativa, portear al bebé en lugar de usar carrito y, en resumen, pasar el máximo tiempo posible con los hijos.

Todo lo que concierne al ámbito privado de las personas se tiene que decidir en este contexto, por tanto, corresponde a la familia decidir qué tipo de crianza desea practicar y sea la que sea debería existir una autentica corresponsabilidad en la pareja. Para esto es necesario que existan leyes que prevean permisos de paternidad y maternidad iguales e irrenunciables. Pero no olvidemos que somos padres y madres durante mucho más tiempo de lo que duran los permisos. Con políticas que favorezcan la conciliación familiar de hombres y mujeres se conseguiría fomentar la deseada corresponsabilidad en el ámbito familiar.

En definitiva, todavía nos falta mucho y en muchas ocasiones es necesario deshacernos de las costumbres inherentes a nuestra cultura y a nuestra historia porque sin darnos cuenta estamos poniendo límites a las personas, sobre todo a las mujeres.

El día de la mujer no acaba aquí